lunes, 25 de agosto de 2014

ALBÓNDIGAS DE GARBANZO.



Preparación:

-En una sartén,saltear dos dientes de ajo picados finamente con apenas aceite de oliva.Reservar.
-En la misma sartén,saltear dos cebollas medianas en pequeños cubos.Colocarles un poco de sal marina y pimienta.
-Caramelizar la cebolla agregando tres tazas de agua.(Se agrega una taza y se deja evaporar,así hasta completar todo el agua.Esta técnica permite ablandar la cebolla y lograr un sabor mucho más suave y levemente dulce)
-Una vez evaporada toda el agua,colocar la cebolla en un bowl junto con el ajo y 200 gramos de garbanzos cocidos,bien escurridos.Procesar hasta formar una pasta.
-Una buena opción que combina con los garbanzos son las aceitunas: yo les agregue al unas 6 unidades picadas bien chiquitas.
-Tomar esta pasta y formar pequeñas bolitas,colocarlas en una placa y llevar a freezer por al menos dos horas.(Para que no se desarmen en la cocción)
-En una sartén,con un poco de aceite de oliva,sellar las albóndigas a fuego bajo,en todos sus lados.
-Ir colocandolas en un papel absorbente.
A la hora de comerlas,recomiendo tirarles un poco de jugo de limón por encima o alguna hierba picada.

Leucocitosis digestiva: cómo nuestro cuerpo se defiende de los alimentos cocinados.



 Leucositosis es el nombre que la patología médica da a un número excesivo de glóbulos blancos en la sangre. Los doctores descubrieron este fenómeno en 1846 y Wirchow clasificó la “leucocitosis digestiva Como “normal ya que todos parecían sufrirla. Esto fue superado hace aproximadamente tres décadas por los descubrimientos de Paul Kouchakoff, quien mostró que el alimento en su estado natural, no cocinado, no producía leucocitosis, y que el alimento cocinado es la causa de leucocitosis.

Sabemos que los glóbulos blancos (leucocitos), los encargados de defender nuestro organismo de elementos potencialmente dañinos, proliferan en la sangre en presencia de organismos o sustancias indeseables. Por ejemplo, cuando entra en nuestro cuerpo un virus, un hongo o una bacteria patógena.

Pero fijaos en esto: si yo como una manzana y a la media hora me extraen sangre para hacer un recuento de glóbulos blancos, el hematólogo podrá contar en torno a los 7000 leucocitos por milímetro cúbico. Es decir, una tasa completamente normal y corriente. Todo en su sitio. Sin embargo, si antes de comer la manzana la cocino sólo cinco minutos al vapor el recuento de leucocitos arrojará fácilmente una tasa en torno a 14.000 leucocitos por milímetro cúbico. El doble que en el primer caso.

¿Conclusión? El organismo considera a la manzana cocinada, no como algo afín y amistoso, acorde con su propia naturaleza, sino como un enemigo del que hay que defenderse y al que hay que neutralizar. Es decir, que el fuego ha transformado la manzana en algo sin vida, en un conjunto de moléculas más o menos alteradas.

Lo peor de todo esto es que una manzana cocinada un minuto en el microondas puede elevar la tasa de leucocitos en sangre a más de 40.000 por milímetro cúbico. O sea, que el cuerpo es capaz de distinguir el nivel de degradación de un alimento. Y sabe que un microondas altera a niveles más profundos el alimento que lo que pueda hacer una cacerola al fuego.

Llegados a este punto, alguien puede pensar: “Bueno, ¿y qué más da que suban los leucocitos en sangre? ¿Me voy a morir por ello?”.

El sistema inmunitario debería actuar ante enemigos potencialmente dañinos como virus, bacterias o incluso células que se estén volviendo cancerosas. Pero si cada vez que comemos se activa, evidentemente eso comportará un desgaste de energía y de recursos. Lo que implicará a su vez una merma en el organismo y una pérdida de vitalidad, con todo lo que eso supone (predisposición a la enfermedad, envejecimiento prematuro, desarreglos orgánicos, disfunciones, etc.).

Esto no es una teoría. El fenómeno de la leucocitosis digestiva fue estudiado y descrito científicamente en los años treinta por el médico de origen ruso Paul Kouchakoff, que descubrió que podía dividir sus descubrimientos sobre leucocitosis en cuatro grupos distintos según las reacciones en la sangre:

1.-Un alimento crudo no producirá aumento de glóbulos blancos.

2.- Los alimentos comunes cocinados producirán leucocitosis.

3.-Los alimentos cocinados a presión producían mayores leucocitosis que los alimentos no cocinados a presión.

4.- Los alimentos manufacturados son los más dañinos, tales como el vino, vinagre, azúcar blanca, jamón.

Kouchakoff no era vegetariano, pero sus descubrimientos mostraron que, para evitar la leucocitosis, la carne debería comerse cruda, lo que sería muy desagradable para los humanos. La carne preparada o procesada (cocinada, ahumada, salada) provocaría la reacción más violenta, equivalente al aumento de la leucocitosis que se experimenta en un envenenamiento. Este descubrimiento sobre el incremento en la actividad de la fagocitosis, los carroñeros del torrente sanguíneo, después de comer alimento cocinado y procesado, aclara porqué los alimentos crudos curan tan rápidamente las dolencias agudas y crónicas, simplemente reduciendo la sobrecarga tremenda de sustancias tóxicas y gérmenes con los que la sangre tiene que luchar y permitiendo que el sistema inmunológico se concentre en curar y depurar el organismo.

Las temperaturas críticas en las que el alimento se hace “patológico” produciendo síntomas de leucocitosis, varía con el alimento; las zanahorias a 98ºC e incluso el agua caliente sobre 90ºC. Considerando la reacción tóxica del agua cuando se calienta debería desaconsejarse el uso de tés de hierbas en favor de los zumos vivos de mayor potencia bioquímica y propiedades antileucocitosis.

Kouchakoff descubrió que una dieta vegetariana amplia compensa el efecto adverso de una cantidad pequeña de alimento cocinado como para no causar leucocitosis. La mayoría de la gente puede tolerar una dieta del 80% de alimento vivo con el 20% de alimento cocinado en forma de tubérculos cocidos como transición hacia una dieta totalmente crudívora.

¿Y cómo puede evitarse?

Pues cocinando los alimentos por debajo de 100ºC grados (a fuego muy lento o con cacerolas especiales, que permitan hacerlo), comiéndolos tibios (no muy calientes, sobre 40ºC máximo) y acompañándolos siempre de otros alimentos crudos, como ensaladas (no fruta, que siempre debe comerse sola). Se ha demostrado que esto puede eliminar, o cuanto menos atenuar, la leucocitosis digestiva.

Y, por supuesto, tener muy presente, a la hora de comer algo, que los alimentos crudos no producen leucocitosis.

Nunca.

http://noticiariodelnuevomundo.wordpress.com/

REFLEXIÓN DEL DÍA



HONRO, RESPETO, AMO Y BENDIGO LA HERMOSA ENERGÍA DE LUZ Y AMOR QUE HAY EN TI... EN MI... Y EN TODOS LOS SERES DE LA TIERRA!!!...

domingo, 24 de agosto de 2014

REFLEXIÓN DEL DÍA



"Cada situación o persona que llega a tu vida tiene un propósito... Algunas nos dan felicidad, otras nos dan experiencia, y tú decides cuales dejas en tu vida..."

sábado, 23 de agosto de 2014

BENEFICIOS DE LAS UVAS PASAS


Las uvas pasas, como su nombre indica, son uvas pasadas, secas, deshidratadas, ya que simplemente se dejan a secar hasta que se queda un fruto dulce y de color oscuro. Este tipo de fruto mucha gente lo asocia con los frutos secos, aunque en esencia no dejan de ser una fruta y conservar parte de los beneficios que nos brindan las uvas. A pesar de todo, las pasas no son muy apreciadas por todos, ya que muchas personas las desechan sin saber lo beneficiosas que pueden resultar para su organismo.

Las uvas pasas son ante todo una gran fuente de energía, ya que contienen altas dosis de hidratos de carbono. Por este motivo es muy recomendable su consumo en deportistas y personas que mantienen una alta actividad. Al estar secas el concentrado nutricional es mayor, ya que la uva ha perdido el agua y se han quedado los azúcares que son los causantes del característico sabor de las pasas y su alto contenido energético.

Junto a esto debemos destacar su alto contenido en potasio, necesario para mantener un perfecto funcionamiento del organismo, ya que nos ayuda a eliminar líquidos del cuerpo, pues es un buen diurético, y a mantener nuestros tendones y articulaciones a raya, ya que evita la aparición de calambres.

La fibra forma parte de las pasas, y es necesaria para mantener un perfecto tránsito intestinal, a la vez que nos ayuda a eliminar toxinas y sustancias de deshecho del organismo. También las pasas son una buena ayuda para mejorar la circulación sanguínea y evitar la formación de coágulos que nos pueden causar algún que otro contratiempo. Además, previene la aparición de placas en las paredes del corazón que poco a poco van minando su funcionamiento. Son una gran fuente de hierro, por lo que es un alimento ideal para las mujeres que generalmente tienen deficiencias de mineral.

Las pasas, al igual que las uvas, son una buena fuente de antioxidantes. Esto se debe al alto contenido de bioflavonoides que nos vamos a encontrar en ellas, y que sirven de protección celular, evitando que se vean afectadas por el ataque de los radicales libres, y logrando prolongar su juventud por más tiempo. Estas sustancias hacen que las pasas sean una buena prevención para determinadas enfermedades como el cáncer.

A partir de ahora debemos tener en cuenta que las uvas se pueden comer de varias maneras, y no siempre tiene que ser frescas, pues disponemos de ellas todo el año en forma de pasas que nos aportarán salud y bienestar además de endulzarnos el paladar.