jueves, 1 de noviembre de 2018

10 pasos para superar el pánico a enfermar

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Eres hipocondríaco cuando tienes una extrema preocupación y miedo a padecer, o la convicción de tener, una enfermedad grave, todo ello a partir de que interpretas algunas sensaciones o señales físicas en tu cuerpo. Por ejemplo, los lunares, pequeñas heridas, toses, incluso los propios latidos de tu corazón, movimientos involuntarios de algún músculo, o sensaciones de carácter físico aunque estas no sean claras. Si el médico te asegura que no tienes nada, tu solamente te quedas tranquilo un rato, pero la preocupación te vuelve de nuevo pasado un tiempo corto.
Si en el anterior párrafo te sientes identificado. Te preguntaras por que te pasa. Pues bien el como interpretas de manera catastrófica tus señales corporales es el mecanismo por el que se dispara el desarrollo tu hipocondría.

El por qué se dispara ese mecanismo es complicado de determinar. Desde la psicología clínica sabemos que este problema afecta a menudo a miembros de una misma familia. Esto podría indicarnos que hay familias que son más sensibles y por lo tanto hacen una interpretación de la enfermedad en todos los ámbitos de la vida. Así en en las reuniones familiares no se habla más que de enfermedades, se comenta constantemente si se está bien o mal, se vive con muchísima angustia cualquier signo de enfermedad en alguno de los hijos, etc. Podemos decir entonces que los diferentes miembros de la familia aprenden a interpretar de esa forma catastrófica cualquier signo físico y lo relacionan con angustia, miedo o ansiedad. También se podría interpretar que existe una predisposición genética. Aunque lo verdaderamente importante no es el por qué, sino como solucionarlo.

Si eres una persona con hipocondría es muy probable que tengas un miedo desmedido a la muerte, al dolor, al sufrimiento, a la debilidad o dependencia de otros.

Si tienes miedo a la enfermedad seguro que buscaras en tu cuerpo cualquier indicio que pueda haber de dolor para evitar que llegue a más. Si aparece la más mínima señal, que para otra persona hubiera pasado inadvertida, en ti sin embargo se disparan todas las alarmas y aparecen la angustia y la ansiedad que te causan un malestar tan grande y hace que incluso el dolor se incremente. Y esto no es que exageres tus dolencias, al añadirles ansiedad y angustia se hacen realmente peores y más insoportables.

Si eres una persona que tienes pánico a enfermar, seguro que sufre mucho. Te crees enfermo y tienes sensaciones reales de angustia. Por lo que en muchas ocasiones recibes palabras de las personas de tu entorno del tipo “no tienes nada”, “todo es psicológico”. Cuando alguien te dice que es psicológico en realidad te está diciendo que todo es cuento. Aunque tu lo que sientes es totalmente real, y es todo menos cuento. Los procesos psicológicos tienen una relación en el cuerpo y el dolor, la angustia y las enfermedades psicosomáticas son completamente reales, aunque los procesos que las desencadenan sean psicológicos y no correspondan a una enfermedad física. Lo fisiológico y lo psicológico no son realidades separadas son un todo único.

Los investigadores Mathews, Gelder y Johnston proponen estas diez reglas para poder afrontar tu pánico a enfermar:

1. Recuerda que las sensaciones que experimentas en tu cuerpo cuando te agobias son las reacciones corporales normales del estrés en su forma más exagerada. Son eso y nada más. No te dejes llevar por tus pensamientos catastrofistas.

2. No son en absoluto perjudiciales ni peligrosas. Son solamente desagradables, muy desagradables, pero esto es todo. NO SUCEDERÁ NADA PEOR. PUEDES AGUANTARLO PERFECTAMENTE, tu cuerpo está preparado para experimentar estrés en millones de ocasiones. No te va a pasar nada. ERES FUERTE.

3. Deja de dar valor a los pensamientos temerosos sobre lo que está sucediendo y a donde podría conducirte. Si les das importancia aumentara el pánico. Aceptalos como lo que son, solo pensamientos.

4. Observa lo que te está sucediendo en tu cuerpo justamente ahora, no lo que temas que llegar a pasar. Centra tu atención en el “esto, aquí y ahora”

5. Espera y deja tiempo al miedo para que se pase. No luches en contra. No trates que desaparezca a toda costa. No huyas de él. Simplemente acéptalo.

6. Observa que cuando dejas de aumentar el miedo añadiendo pensamientos atemorizantes, empieza a desaparecer por sí mismo.

7. Recuerda que el objetivo es aprender a cómo afrontar el miedo sin evitarlo, por lo tanto este ataque es una oportunidad para progresar.

8. Piensa en el avance que has conseguido hasta ahora a pesar de todas las dificultades. Piensa en lo satisfecho que estarás cuando lo consigas esta vez.

9. Cuando comiences a sentirte algo mejor, mira a tu alrededor y empieza a planear que vas a hacer después.

10. Cuando este dispuesto a continuar con lo que estabas haciendo o a donde ibas, comienza de forma relajada y tranquila, no hay necesidad de esfuerzo ni de prisas. Felicitaté por el avance conseguido. Después habrá tiempo de que analices que es lo que más te ha ayudado para tenerlo muy claro y poderlo utilizar con facilidad en la próxima ocasión.

Es conveniente que trabajes con la seguridad de que si sigues enfrentándote así al miedo lo superaras, con el tiempo, seguro. Con ello volverás a recuperar el control de tu vida, y no dejar de hacer nada que realmente te apetezca.

Cualquier actividad o situación que evites para no tener miedo, es lo que lo va a hacer en que se convierta en algo crónico. Si continuas evitando siempre el miedo estará al acecho y no te librarás por completo de él. Por ello mucho ánimo. Tienes motivos para enfrentar, y no ganas, eso es la motivación. No es fácil, pero no es imposible.

Centra tu atención en lo que quieres y seguro lo conseguirás.
Miguel A. Rizaldos Lamoca
Psicólogo Clínico
www.rizaldos.com

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