miércoles, 13 de noviembre de 2013

PROPIEDADES MEDICINALES DE PALO PICHI



Entre las hierbas medicinales que crecen en la Patagonia, se destaca este arbusto que ofrece sus dones a los habitantes cordilleranos de Río Negro y que durante siglos curó las dolencias de los originarios de la región.

Custodiado por las altas montañas de los Andes patagónicos, a ambos lados de la cordillera crece el palo piche, un arbusto nativo que forma matorrales. Los habitantes originarios del sur de América lo conocían bien y sabían de sus propiedades curativas, explica a Cosas Nuestras la bióloga Adriana Kutschker, de la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de la Patagonia. “Su aplicación etnomedicinal –dice la especialista– era para calmar el dolor de cintura. También para el estómago, para componer la sangre y para los golpes, y mezclado con otras hierbas como la zarzaparrilla y el limpia plata, para los riñones, la próstata y el colesterol”. Actualmente los descendientes de aquellos antiguos pobladores lo utilizan como diurético.
“El palo piche sirve para cálculos en riñón y vejiga y para las enfermedades del hígado, además de tener propiedades tónicas y balsámicas y de ser un buen anticatarral”, sostiene Kutschker. Y aconseja beber una infusión preparada con 2 o 3 gramos de ramas y hojas de palo piche por taza para las afecciones de las vías urinarias bajas (cistitis), y con trocitos de corteza si lo que se necesita es un diurético fuerte. Pero advierte que justamente por su potencia, este preparado debilita el organismo, por lo que se lo debe usar con moderación, no más de una semana. También cuenta que hay quienes colocan una ramita de la planta en la pava donde se calienta el agua para el mate, con el fin de lograr un efecto diurético suave. En sus charlas con los pobladores de la región, Kutschker supo que “los antiguos” de algunas comunidades utilizaban, además, el agua de la infusión –transparente pero con una leve tonalidad azulada– como último enjuague para la ropa.
El palo piche es también conocido como pichi, palo de piche, romero pichi, peta, entre otros nombres comunes. Los científicos lo denominaron Fabiana imbricata Ruiz et Pav., en homenaje al botánico valenciano Francisco Fabiano y por sus características hojas imbricadas, es decir, sobrepuestas unas a otras, como las tejas de un tejado. Las flores, que nacen en los extremos de las ramas, son desde blanquecinas hasta azul-violáceas, y aparecen entre enero y septiembre. El fruto es una cápsula llena de semillas pequeñas, y es comestible. Expertos del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) dicen que se trata de “un arbusto (de entre 1 y 2 metros de altura) aromático fácil de encontrar en la transición estepa-bosque y las zonas donde la vegetación se reconstituye después de un incendio”.
El naturalista italiano Clemente Onelli, que vivió y murió en la Argentina, exploró la Patagonia y trabajó con el perito Francisco Moreno, escribió en 1904: “Y aquí un poco de farmacopea indígena no está de más. La botánica les da remedios que probablemente son los más eficaces […] les llegan trozos de palo piche que usan como diurético […]. Todos estos son remedios que pueden considerarse caseros, porque en las grandes ocasiones apelan a medicinas más heroicas y cuyos efectos en general son contraproducentes; desaparecieron ya de entre ellos los magos o médicos que las administraban, pero cada uno las conoce y las usa todavía”.


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