jueves, 20 de marzo de 2014

BENEFICIOS PARA LA SALUD DE LAS DEPURACIONES



El bienestar y la salud dependen de dos procesos básicos: una correcta nutrición y una correcta eliminación de desechos. Sin embargo, mientras que la nutrición está muy reconocida, no así la eliminación de desechos, pues no se le suele dar tanta importancia. La sangre es el fluido principal que lleva nutrientes y oxígeno hacia las células y, a su vez, recoge los desechos del metabolismo celular. Ya en el mismo torrente ocurren algunas detoxificaciones, sin embargo, la mayor parte de las acciones de neutralización y eliminación de desechos tiene lugar gracias a órganos y sistemas específicos que actúan como filtros y agentes.

Cuidar los filtros de la sangre es esencial para que pueda nutrir y limpiar de forma óptima y sí, es lo más parecido a cuidar los filtros de nuestros automóviles. Hay filtros de agua, de gasolina, de aire, y los mantenemos en buenas condiciones, pues sino, el vehículo durará poco. Imaginemos que en nuestra casa y en nuestra ciudad no se pudieran recoger las basuras ni depurar las aguas fecales, tendríamos serios problemas de salud. Un sistema limpio, optimiza su funcionamiento. En el cuerpo es exactamente igual.

Si en el organismo se acumulan desechos, éstos actuarán como venenos para nuestras células y tejidos haciendo que enfermen e incluso, mueran. Por suerte disponemos de diversos sistemas y órganos que trabajan de modo coordinado para que nuestras células puedan eliminar sus desechos y para que el cuerpo pueda neutralizar y sacar hacia el exterior esos residuos.

LIMPIEZA DEL CUERPO
A los órganos que trabajan filtrando y eliminando los residuos se les denomina emuntorios, palabra que proviene del latín y significa limpiar. Los principales son: pulmones, riñones, hígado, intestino y la piel.

Los pulmones participan en el intercambio gaseoso, eliminando CO2 residual; los riñones ayudan a filtrar la sangre y como sustancia de desecho forman la orina. El hígado filtra la sangre y es el gran laboratorio de nuestro organismo que promueve, entre otras, reacciones de desintoxicación y nos defienden de sustancias potencialmente dañinas, entre ellas, medicamentos, alcohol, drogas, microorganismos, residuos tóxicos del metabolismo, etc. La pared intestinal es una barrera física y química que nos protege impidiendo que absorbamos sustancias peligrosas para nuestra salud. Gracias al intestino, los desechos son eliminados como componentes fecales. Además, en el intestino se encuentra una gran parte de nuestro sistema inmunológico. El sistema inmunológico trabaja en coordinación con otros sistemas y es esencial para reconocer y eliminar células, sustancias o agentes patógenos o tóxicos. Una buena digestión es vital pues permite separar lo útil de los desechos.

La piel es el órgano más grande que tenemos, cumple funciones muy variadas: nos comunica con el exterior, nos aísla y nos protege. De modo semejante al intestino, la piel también es una barrera física y química. Si ambos están en buen estado, suficientemente elásticos y sin roturas, con su microbiota propia intacta, es difícil que un agente patógeno los afecte y los atraviese. Sin embargo, dañamos la piel y el intestino con demasiada frecuencia con agentes irritantes y tóxicos. La piel gracias a las glándulas es un órgano eliminador que ayuda a excretar hacia el exterior sustancias tóxicas principalmente mediante la sudoración. Esta función de la piel apoya a los riñones y a los pulmones en la depuración, por eso se suele decir que la piel es «el tercer riñón y el tercer pulmón».

EL RIESGO DE LA ACUMULACIÓN DE DESECHOS
Si los desechos no se eliminan de nuestro cuerpo, se acumulan en el interior y tendremos diferentes manifestaciones leves o graves, dependiendo del aislamiento de las células por culpa del depósito de desechos. Así, por ejemplo, son consecuencia de los acúmulos de desechos inflamaciones y deterioro tisular, artritis, cefaleas y migrañas, neuralgias, contracturas, erupciones o eczemas, poca concentración, mala visión, insomnio, formación de masas como pólipos o tumores, hepatitis, nefritis, infecciones recurrentes, vientre hinchado, digestiones lentas, halitosis, debilidad de los vasos sanguíneos, deterioro del colágeno, insuficiencia pulmonar o renal, hipertensión, hipercolesterolemia, sobrepeso, edemas, etc. Estas y otras afecciones se benefician de una depuración.

Pera mantener nuestro medio interno lo más limpio posible es muy sencillo: basta con realizar depuraciones cada cierto tiempo. Existen ciertas plantas cuyos principios activos pueden ayudarnos a mantener nuestro organismo en perfectas condiciones de limpieza, amén de lo que ayudemos con la dieta. Podemos nombrar plantas como la genciana cuya raíz contiene principios amargos que favorecen el funcionamiento del hígado. La corteza de condurango es un excelente activo frente a inflamaciones intestinales, gastritis y otros problemas digestivos. Junto con la alcachofa y el cardo mariano, son especialmente eficaces para ayudar al hígado y a la vesícula biliar, pueden actuar como colagogos, coleréticos y aperitivos, promoviendo las secreciones digestivas y favoreciendo el movimiento intestinal, además muestran una acción hepatoprotectora. La cúrcuma, el jengibre, la canela y el anís verde ayudan a un correcto funcionamiento del sistema digestivo a la par que ayudan a evitar las inflamaciones intestinales y articulares que tantas consecuencias negativas tienen para nuestra salud.

Beber agua suficiente, alimentarnos de forma sana y equilibrada son sin lugar a duda los cuidados esenciales que nos podemos ofrecer para beneficiar a nuestra salud en general.

Ya lo dice el refrán: «cuerpo limpio, mente clara».

Fuente: ABCsalud

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