domingo, 12 de octubre de 2014

REFLEXIÓN DEL DÍA




Señor, bendice mis manos para que sepan acariciar sin aprisionar; 
para que sepan recibir sin poseer, dar sin calcular y sostener sin condicionar.
Bendice mis ojos para que vean detrás de la superficie; 
para que no se cierren por el miedo, pero nunca miren con ira; 
para que todos se sientan seguros por mi modo de mirarles.
Bendice mis ojos para que miren y vean.
Señor, bendice mis oídos para que sepan oír tu voz
y perciban claramente el grito de los afligidos
que sepan cerrarse al ruido inútil de la palabrería,
y escuchen sin cansancio el silencio de los enmudecidos;
Bendice mis oídos para que siempre estén abiertos
al que necesita publicar su memoria, su alegría o su dolor
Señor, bendice mi boca para que dé testimonio de Ti
y no diga nada que hiera o destruya;
que sólo pronuncie palabras que siembren y alivien,
y no calle nunca los nombres heridos.
Bendice mi boca para que siempre bendiga y nunca traicione mi propia verdad.
Señor, bendice mi corazón para que sea templo vivo
de tu Espíritu; que sepa dar calor y refugio;
que sea generoso en perdonar, alegre en compartir,
pronto en comprender, y compasivo.
Llénalo de nombres de personas queridas,
de personas sin nombre y también de otros nombres
Bendice, Señor, mis pies para que busquen la Paz y corran tras ella.
Que construyan caminos para anunciarte,
y eviten los senderos tortuosos que desembocan en la ostentación y la injusticia.
Que reconozcan tus pisadas en el caminar de los humildes
y respeten las huellas de todo caminante.
Bendice mis pies para que me los deje lavar y tener parte contigo.
Bendíceme, Dios mío, para que puedas disponer de mí con todo lo que soy,
con todo lo que tengo. Con todo lo que de Ti he recibido..

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